Salguero, J.M.1, Fernández-Berrocal, P.1, Ruíz-Aranda, D.1, Castillo, R.1 y Palomera, R.2
(1)Universidad de Málaga y (2)Universidad de Cantabria
Las emociones poseen un papel fundamental en nuestro funcionamiento diario. No sólo propician la activación
y coordinación de cambios fisiológicos, cognitivos y conductuales
necesarios para dar una respuesta adecuada a las demandas de nuestro
ambiente, sino que influyen de forma significativa en el modo en que
tomamos decisiones y son una fuente útil de información
para comprender las relaciones que se establecen entre las personas y su
medio. Pese a ello, las emociones también pueden estar en la base de
diferentes problemas psicológicos y/o sociales. Así por ejemplo,
la presencia frecuente e intensa de emociones, como la ansiedad o la
tristeza, es una de las principales características de los trastornos
emocionales (como los trastornos de ansiedad o la depresión), mientras
que la ira intensa es una de las variables que subyace a las conductas
agresivas. Ante esto cabría preguntarnos, ¿cómo es posible que las
emociones posean una función útil y al mismo tiempo ser, en ocasiones,
tan perjudiciales?, ¿qué puede explicar que este fenómeno se produzca?
En los últimos años, la teoría de la Inteligencia Emocional
(IE) (Mayer y Salovey, 1997) ha tratado de ofrecer una respuesta a
estas cuestiones. La IE se define como un conjunto de habilidades para
percibir, valorar y expresar las emociones con exactitud, generar
sentimientos que faciliten el pensamiento, entender la emoción y el
conocimiento emocional, y regular las emociones, tanto propias como
ajenas (Mayer y Salovey, 1997). Se trata, por tanto, de cuatro habilidades diferentes: percepción emocional, facilitación emocional, comprensión emocional y regulación emocional, que juntas integran la IE.
La teoría de la IE parte de diferentes hipótesis de trabajo. En primer lugar, propone que no todas las personas poseen la misma destreza a la hora de poner en marcha estas habilidades emocionales. En segundo lugar, propone que serán aquellas personas con una mayor IE las que posean un mejor ajuste psicológico y social.
Por último, propone que la IE se desarrolla a lo largo de todo el
proceso evolutivo, desde la infancia hasta la edad adulta, y que puede
ser entrenada y mejorada.
El Laboratorio de Emociones,
en la Universidad de Málaga, lleva trabajando más de 10 años en
diferentes líneas de investigación centradas en comprobar estas
hipótesis. El objetivo de una de estas líneas ha sido el de analizar la influencia de la IE en el ajuste psicosocial de los adolescentes.
Específicamente, uno de los primeros pasos que hemos dado en este
sentido ha sido examinar si el nivel de destreza a la hora de percibir
las emociones de los demás (una de las habilidades integradas en la IE)
influye de forma positiva en el ajuste psicológico y social de los
adolescentes. Para ello, hemos llevado a cabo dos estudios diferentes.
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En el primer estudio (Salguero, Fernández-Berrocal,
Ruiz-Aranda, Castillo y Palomera, 2011), 255 estudiantes de la ESO
completaron voluntariamente tres medidas diferentes. Por una parte, una
medida de percepción emocional, la cual fue desarrollada por
nuestro equipo de investigación y que consistía en identificar el grado
en que diferentes sentimientos son expresados a través de la expresión
facial. Por otra parte, diferentes subescalas del Sistema de Evaluación de la Conducta en Niños y Adolescentes
(BASC), una de las pruebas más reconocidas para la evaluación
socio-emocional de niños y adolescentes. Por último, una medida de los rasgos de personalidad
de neuroticismo y extraversión. Los adolescentes completaron las tres
medidas en un mismo momento, siendo nuestro primer estudio de carácter
transversal.
Los resultados revelaron que aquellos alumnos con mejores niveles de percepción emocional informaron de mayores niveles de confianza consigo mismos, mejores relaciones con amigos y con sus padres, menores niveles de estrés social y menos sentimientos de incapacidad.
Además, estos resultados se mantuvieron tras controlar la influencia de
los rasgos de personalidad. Es decir, que, independientemente de su
personalidad, la percepción emocional de los adolescentes se asoció a un
mejor ajuste personal y social.
Para confirmar los resultados de este primer estudio
llevamos a cabo un nuevo trabajo, esta vez utilizando un diseño
longitudinal prospectivo (Palomera, Salguero, y Ruiz-Aranda, 2012). En
esta ocasión, participaron 536 adolescentes de la ESO quienes
completaron la medida de percepción emocional y el BASC (esta vez con
todas sus subescalas) en un primer momento y, aproximadamente 12 meses
después, completaron nuevamente el BASC. Los resultados corroboraron lo
encontrado anteriormente: los adolescentes con mayores niveles de
percepción emocional en tiempo 1 mostraron un mayor ajuste personal, menor desajuste clínico y menor presencia de problemas emocionales 12 meses después.
En conjunto, estos dos estudios señalan que el poseer
una mayor habilidad para percibir las emociones ajenas permite a los
adolescentes alcanzar un mayor nivel de bienestar psicológico y social.
La percepción emocional es la habilidad más básica de la IE, la puerta
de entrada a la información emocional. Por una parte, permite a los
adolescentes acceder a información útil acerca de los pensamientos e
intenciones de otras personas, facilitando así sus encuentros sociales.
Por otra parte, se relaciona con una mayor percepción, comprensión y
manejo de las propias emociones. Estos resultados poseen importantes
implicaciones tanto en el ámbito educativo como en el clínico, pues
sugieren que el entrenamiento y desarrollo de la habilidad para
identificar correctamente las emociones puede ser una vía para mejorar
el bienestar psicológico y social en la adolescencia.
Referencias:
Mayer, J. D., y Salovey, P. (1997). What is emotional intelligence? En P. Salovey y D. J. Sluyter (Eds.), Emotional development and emotional intelligence: Implications for educators (pp. 3-31). New York: Basic Books.
Palomera, R.,
Salguero, J.M., y Ruiz-Aranda, D. (2012). La percepción emocional como
predictor estable del ajuste psico-social en la adolescencia. Psicología Conductual.
Salguero,
J.M., Fernández-Berrocal, P., Ruíz-Aranda, D., Castillo, R. y Palomera,
R. (2011). Inteligencia emocional y ajuste psico-social en la
adolescencia: el papel de la percepción emocional. European Journal of Education and Psychology, 4(2), 143-152. |
El artículo original puede encontrarse en la revista European journal of education and psychology:
Sobre los autores:
José Martín Salguero Noguera
es Doctor en Psicología y Máster en Intervención en la Ansiedad y el
Estrés por la Universidad Complutense de Madrid. Imparte docencia en el
departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la
Universidad de Málaga y es miembro del Laboratorio de Emociones, donde
centra principalmente su actividad investigadora en el desarrollo de
instrumentos de evaluación de la inteligencia emocional y en analizar la
influencia de ésta en el ajuste psicológico de adolescentes y adultos.
Pablo Fernández Berrocal
es catedrático de Psicología en la Universidad de Málaga. Es el
director y fundador del Laboratorio de Emociones de la Universidad de
Málaga, cuya línea principal de investigación es la evaluación y el
desarrollo de la Inteligencia Emocional. Es coautor entre otros libros
de Corazones Inteligentes, Autocontrol Emocional, Desarrolla tu Inteligencia Emocional o Manual de Inteligencia Emocional. En la actualidad, desarrolla programas de mejora de la Inteligencia Emocional en el ámbito educativo, sanitario y empresarial.
Desireé Ruiz Aranda
es Doctora en Psicología y profesora del Departamento de Psicología
Básica de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga. Es
miembro del Laboratorio de Emociones de la Universidad de Málaga donde
centra principalmente su labor de investigación en el desarrollo y la
evaluación de programas de entrenamiento de la Inteligencia Emocional en
el ámbito educativo, tales como el programa INTEMO, y en el diseño y
validación de instrumentos de evaluación.
Ruth Castillo Gualda
es Licenciada en Psicología y miembro del Laboratorio de Emociones de
la Universidad de Málaga. En 2008 completó los estudios de Doctorado en
Inteligencia Emocional y desde entonces participa activamente en el
desarrollo e implementación del programa INTEMO en centros educativos
andaluces. Durante los años 2010 y 2011 ha realizado dos estancias de
investigación a la Universidad de Yale, bajo la supervisión del Profesor
Marc Brackett, con el fin de continuar su especialización en programas
de educación emocional.
Raquel Palomera Martín
es Doctora en Psicología y profesora del Departamento de Psicología
Evolutiva y de la Educación en la Facultad de Educación de la
Universidad de Cantabria. Colabora con el Laboratorio de Emociones de la
Universidad de Málaga, siendo sus líneas actuales de investigación el
estudio del papel de la inteligencia emocional en la educación, el
desarrollo y el bienestar docente e infanto-juvenil, el desarrollo de
programas de inteligencia emocional y el diseño y validación de
instrumentos de evaluación.
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