viernes, 23 de noviembre de 2018

La Rioja implementa un Plan Integral en las aulas para alumnos con Trastornos de Personalidad Graves

La Rioja implementa un Plan Integral en las aulas para alumnos con Trastornos de Personalidad Graves
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El Gobierno de La Rioja ha puesto en un marcha un Plan Integral de Coordinación entre Educación, Salud, Servicios Sociales y Justicia para aulas terapéutico educativas para alumnado con necesidades educativas especiales asociadas a Graves Trastornos de Personalidad (GTP).
Estas aulas, fueron implantadas en varios centros educativos por la Dirección General de Educación de la Rioja, con el fin de atender a las necesidades -tanto en las etapas obligatorias de Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria como en la modalidad de educación especial-, de aquellos alumnos que presentan graves trastornos de personalidad vinculados a determinados trastornos psiquiátricos y que, con carácter temporal, precisan de una intervención de carácter terapéutico específico.
Tal y como ha señalado durante la presentación del Plan el Consejero de Educación, Formación y Empleo, Alberto Galiana, se trata de un protocolo de actuación que surge de las necesidades detectadas por los profesionales implicados en las aulas GTP de los centros Salesianos de Logroño, que será aplicada en todos los centros de La Rioja que dispongan de estas aulas, con el objetivo de lograr la integración e inclusión real y global de estos menores, a través de enfoques multidisciplinares.
Para ello, se pretende impulsar la coordinación y colaboración entre las diferentes Consejerías, junto con el Ayuntamiento de Logroño, ofreciendo así a los alumnos “una respuesta educativa adecuada y de calidad, además de favorecer su integración social”.
Según ha explicado Galiana, estas aulas GTP, cuentan con psicólogos, y su objetivo es “integrar al alumno con las garantías suficientes para que sea capaz de adaptarse y formar parte de las clases ordinarias, sintiéndose parte de ella y que también sea sentido, por el resto de sus compañeros, como parte de la misma”. El Plan de Coordinación comenzará a aplicarse una vez que el estudiante se incorpora al Aula GTP, implicando a todos los profesionales involucrados en su proceso de desarrollo, con el fin de lograr el bienestar y un óptimo rendimiento.
Con respecto a la atención multidisciplinar, en palabras de la consejera de Salud, María Martín, la intervención de los profesionales de la Unidad Infanto-Juvenil dentro del Plan Integral incluirá el tratamiento que el psicólogo o psiquiatra consideren oportuno. Asimismo, será el psicólogo del Aula GTP quien contactará con los Servicios Sociales y valorará la intervención a realizar, implicando en todo este proceso a las familias.
Fuente: RiojaSalud

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El Gobierno pone de relieve la elevada tasa de mujeres con discapacidad que sufren violencia de género Infocop | 21/11/2018 5:00:00 Enviar por email | El porcentaje de mujeres con discapacidad reconocida que han sufrido violencia de género por parte de sus parejas o exparejas es mayor que el de aquellas mujeres que no tienen ningún tipo de discapacidad. Así lo indica el Gobierno en respuesta a una pregunta presentada por el Grupo Parlamentario Popular en abril de 2018 a la mesa del Congreso de los Diputados, a través de la cual solicitaba conocer cuántas mujeres con certificado de discapacidad con grado igual o superior al 33%, habrían sufrido violencia física, sexual o psicológica a mano de sus parejas o exparejas entre los años 2016 y 2017. La pregunta se fundamentaba en los datos de la última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2015, que señalaba el elevado porcentaje de mujeres con discapacidad que han sufrido algún tipo de violencia por parte de sus parejas o exparejas, en mayor medida que aquellas que no tienen ningún certificado de discapacidad (23,3% vs 15,1%). Tal y como señala el Ejecutivo en su respuesta, los datos de esta Macroencuesta son los más recientes actualmente, si bien ha adelantado que se prevé realizar otra en 2019. Según las cifras disponibles, el porcentaje de mujeres españolas de 16 y más años que habían sufrido algún tipo de violencia por parte de sus parejas o exparejas en los últimos 12 meses, es mayor entre aquellas con discapacidad acreditada igual o superior al 33%: un 4,1% frente al 2,7% en el caso de la violencia física y/o sexual, un 9,7% frente al 8,1% ha sufrido violencia psicológica emocional, y un 9,7% frente al 9,5% ha sufrido violencia psicológica de control. Estas diferencias son significativas en el caso de la prevalencia de la violencia a lo largo de la vida: en total, entre un 20 y un 23% de las mujeres con discapacidad acreditada han sufrido violencia física y/o sexual, por parte de alguna pareja o expareja, o ha experimentado miedo hacia ellos, en algún momento de su vida, frente al 12-15% de las mujeres sin discapacidad. El Gobierno remite a la dirección del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, donde figura toda la información disponible con respecto a este tema. Se puede acceder a la respuesta del Ejecutivo a través del siguiente enlace: Mujeres con certificado de discapacidad con grado igual o superior al 33% que han sufrido violencia física, sexual o psicológica a mano de sus parejas o exparejas en los años 2016 y 2017 Artículos Relacionados ¿Es posible prevenir los homicidios de mujeres en las relaciones de pareja en España? Nueva guía para prevenir la violencia de género en mujeres con discapacidad Sanidad incorporará a los/as psicólogos/as en el desarrollo del Pacto de Estado por la Violencia de Género Recomendaciones para familias con hijas que sufren violencia de género, guía del IAM La cara y la cruz del Pacto de Estado de Violencia de Género – Editorial octubre-diciembre 2017 Publicada una nueva guía sobre la violencia de género La necesaria protección a las mujeres con discapacidad que sufren violencia de género, aprobada en el Congreso Nueva campaña para sensibilizar a los jóvenes contra la violencia de género

El Gobierno pone de relieve la elevada tasa de mujeres con discapacidad que sufren violencia de género
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El porcentaje de mujeres con discapacidad reconocida que han sufrido violencia de género por parte de sus parejas o exparejas es mayor que el de aquellas mujeres que no tienen ningún tipo de discapacidad.
Así lo indica el Gobierno en respuesta a una pregunta presentada por el Grupo Parlamentario Popular en abril de 2018 a la mesa del Congreso de los Diputados, a través de la cual solicitaba conocer cuántas mujeres con certificado de discapacidad con grado igual o superior al 33%, habrían sufrido violencia física, sexual o psicológica a mano de sus parejas o exparejas entre los años 2016 y 2017.
La pregunta se fundamentaba en los datos de la última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2015, que señalaba el elevado porcentaje de mujeres con discapacidad que han sufrido algún tipo de violencia por parte de sus parejas o exparejas, en mayor medida que aquellas que no tienen ningún certificado de discapacidad (23,3% vs 15,1%).
Tal y como señala el Ejecutivo en su respuesta, los datos de esta Macroencuesta son los más recientes actualmente, si bien ha adelantado que se prevé realizar otra en 2019. Según las cifras disponibles, el porcentaje de mujeres españolas de 16 y más años que habían sufrido algún tipo de violencia por parte de sus parejas o exparejas en los últimos 12 meses, es mayor entre aquellas con discapacidad acreditada igual o superior al 33%: un 4,1% frente al 2,7% en el caso de la violencia física y/o sexual, un 9,7% frente al 8,1% ha sufrido violencia psicológica emocional, y un 9,7% frente al 9,5% ha sufrido violencia psicológica de control.
Estas diferencias son significativas en el caso de la prevalencia de la violencia a lo largo de la vida: en total, entre un 20 y un 23% de las mujeres con discapacidad acreditada han sufrido violencia física y/o sexual, por parte de alguna pareja o expareja, o ha experimentado miedo hacia ellos, en algún momento de su vida, frente al 12-15% de las mujeres sin discapacidad.
El Gobierno remite a la dirección del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, donde figura toda la información disponible con respecto a este tema.
Se puede acceder a la respuesta del Ejecutivo a través del siguiente enlace:

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Nueva Guía básica de educación vial

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La entidad Plena Inclusión Madrid -Federación de Organizaciones de personas con discapacidad intelectual o del desarrollo de Madrid, cuyo objetivo es el de contribuir, desde su compromiso ético, con apoyos y oportunidades, a que cada persona con discapacidad intelectual o del desarrollo y su familia puedan desarrollar su proyecto de calidad de vida, así como a promover su inclusión como ciudadana de pleno derecho en una sociedad justa y solidaria-, ha publicado una Guía básica de educación vial.
El documento, elaborado en lectura fácil, tiene como objetivo facilitar a las personas con discapacidad intelectual el conocimiento de las reglas y pautas de seguridad vial, desplazarse con mayor seguridad e incrementar así sus posibilidades de autonomía e independencia.
La guía puede descargarse directamente a través del siguiente enlace:

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La Psicología, esencial en el abordaje del maltrato a mayores, según una PNL aprobada

La Psicología, esencial en el abordaje del maltrato a mayores, según una PNL aprobada
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La Comisión de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, en su sesión del día 26 de septiembre de 2018, acordó aprobar con modificaciones una Proposición no de Ley, presentada por el Grupo Parlamentario Popular en julio de este mismo año, relativa al maltrato de personas mayores en España.
El Grupo Popular presentaba su propuesta poniendo de relieve el progresivo envejecimiento de la población, que, según estima el INEascenderá a más de 14 millones de personas mayores en 2066, “lo que supondrá el 34,6% del total de la población, es decir, según este organismo, la población mayor de 65 años se duplicará en los próximos cincuenta años”. En este contexto, alertaba de la tasa de personas mayores que han manifestado sufrir malos tratos en España. Para ello, exponía los últimos datos del último barómetro realizado por la Unión de Pensionistas en 2017, según los cuales, el 7% de los mayores de 65 años residentes en España ha padecido algún tipo de abuso. Un grave problema que, lamentablemente, también se extiende a nivel mundial.
Teniendo en cuenta lo anterior, el PP apelaba a la reflexión acerca de las cifras ocultas, esto es, aquellas que no se denuncian y que, según los expertos, podrían ser mucho mayores que las registradas. A este respecto, el Grupo Parlamentario subrayaba el tabú existente en torno a esta problemática, especialmente en el contexto familiar y en entornos rurales. Algunas de las razones esgrimidas en su texto, por las que se refuerza este tabú en las víctimas y no se denuncian los abusos sufridos, serían la vergüenza y/o el temor a empeorar la situación y ser institucionalizadas en una residencia, alejadas de su entorno.
En opinión del PP, la dimensión e importancia del problema requieren del trabajo de las instituciones gubernamentales. En esta línea, subrayaba el papel fundamental de los trabajadores de salud de Atención Primaria, en la detección y abordaje de los síntomas del maltrato, así como la trascendencia del trabajo e implicación de toda la sociedad, “para su verdadera erradicación”.
Por ello, presentaba su iniciativa, a través de la cual manifestaba la necesidad de obtener una cifra real de la magnitud de esta problemática, contando con datos fiables, y emprender acciones orientadas a su prevención, su detección y la protección y seguridad de las víctimas, así como a la concienciación social de este tipo de maltrato.
Tras el debate, una transacción de la Propuesta del Partido Popular, con el Grupo Parlamentario Socialista y el Grupo Ciudadanos, quedando aprobada con 26 votos a favor y 10 abstenciones, en los siguientes términos:
“El Congreso de los Diputados insta al Gobierno, en coordinación con las Comunidades Autónomas y en el ámbito de sus competencias, a:
1. Elaborar y mantener una estadística actualizada, completa y fiable, que ofrezca información sobre los casos de maltrato a personas mayores, su alcance y tipos, desglosada por los diferentes entornos en los que se producen, y teniendo en cuenta el enfoque de género, así como las situaciones de dependencia y discapacidad.
2. Habilitar un teléfono 24 horas de atención a personas mayores, donde puedan comunicarse con profesionales que atiendan sus denuncias de maltrato, soledad o abandono, prestándoles servicios de Psicología y servicios sociales.
3. Poner en marcha los mecanismos que fuesen necesarios para llevar a cabo el seguimiento de aquellos mayores que denunciasen su abandono y no contasen con posibilidades para el desarrollo de su vida, brindándoles seguridad y protección ante sus maltratadores.
4. Llevar a cabo campañas informativas y formativas, así como educación en valores para la prevención de los malos tratos en las personas mayores a nivel estatal, para la concienciación social y el conocimiento de los nuevos mecanismos para su denuncia.
5. Establecer un programa, tras acuerdo en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, de instauración progresiva de eliminación de las sujeciones mecánicas, mediante la adopción de incentivos para aquellas residencias o centros que se inclinen por un sistema libre de sujeciones. Dichos incentivos incluirán la priorización de dichas residencias en los conciertos, así como, si fuera el caso, mejoras en las condiciones económicas de los mismos.”
El texto de la PNL y la Sesión de debate se encuentran disponibles en los siguientes enlaces:

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viernes, 16 de noviembre de 2018

Gestión de las emociones en entornos organizacionales

Vanessa Álvarez, Isabel Aranda, Antonio Fuertes, Rafael García, Bárbara Gogénola, David Martínez, Carlos Montes, Alfredo Pacheco, Elisa Sánchez y Carmen Santos

Grupo de trabajo “Gestión de las emociones en entornos organizacionales”, adscrito a la División de Psicología del Trabajo, las Organizaciones y los RRHH (PTORH), del Consejo General de la Psicología (COP)

El trabajo es una fuente inagotable de emociones. La ilusión por ganar un nuevo proyecto, el miedo a ser despedido durante un proceso de reorganización, entusiasmarse por un posible ascenso, la tristeza profunda por el trato con pacientes o, incluso, la atracción romántica por un colega, son sólo algunos ejemplos de las emociones que experimentan diariamente las personas que integran todo tipo de organizaciones. Esto es, desde un punto de vista experiencial, es obvio que las emociones forman parte de la vida en las organizaciones; sin embargo, el estudio del comportamiento humano en las organizaciones y la gestión de personas, no han recogido esta dimensión hasta relativamente hace poco.
Como señala Steve Fineman (1993) en su obra “Emotions in Organizations”, los textos especializados ofrecen un perfil de organizaciones “emocionalmente anoréxicas”. Los enfoques en la gestión de personas que se han ido sucediendo, se han centrado en diferentes dimensiones del comportamiento humano, en ocasiones, en los movimientos físicos (taylorismo), en otras, en los aspectos cognitivos e, incluso, en algunas variables psicofisiológicas.
Bien es cierto que cada uno de estos enfoques aplica conceptos que tienen una dimensión afectiva. Por ejemplo, la fatiga suele asociarse con un estado emocional negativo; el compromiso organizacional tiene, entre sus componentes, uno afectivo; la cohesión grupal, se acompaña de sentimientos positivos hacia la pertenencia al grupo; o la tan estudiada satisfacción laboral, tiene un componente evaluativo-afectivo.
Con todo, estos conceptos se refieren a las emociones de un modo general y un tanto inespecífico, sin abordar la plétora que encontramos en las organizaciones y su estructura (departamentos, equipos, redes, etc.).
En este sentido, el presente artículo pretende arrojar luz sobre esta cuestión, tratando de aclarar qué se entiende por emociones en los entornos organizacionales. En concreto, presenta una síntesis conceptual elaborada por el grupo de trabajo “Gestión de las emociones en entornos organizacionales”, adscrito a la División de Psicología del Trabajo, las Organizaciones y los RRHH (PTORH), que tiene como objetivo poner en valor el papel de la psicología en la gestión de las emociones en al ámbito laboral.
El estudio de las emociones en los entornos organizacionales es, claramente, un campo teórico y aplicado en el que no hay un consenso. En cierta medida, podemos decir que es, incluso, un campo confuso que debe ser ordenado, principalmente, por tratarse de una materia bastante reciente. Sin embargo, durante los últimos años, este panorama ha experimentado un cambio profundo. La investigación y su aplicación al mundo profesional han aumentado de forma exponencial (Barsade y Gibson, 2007). Es complejo explicar por qué las emociones se han incorporado tardíamente al estudio del comportamiento organizacional. Entre las causas de este retraso, puede señalarse la falta de claridad en los términos que se refieren a esta dimensión tan importante para la explicación del funcionamiento de las organizaciones, y con un intenso impacto en sus resultados, tanto en clave de rendimiento como de bienestar laboral.
Las emociones han sido identificadas, generalmente, con pasiones, “fuerzas descontroladas”, lo irracional, la toma de decisiones catastróficas o simplemente sesgadas. Si bien es cierto que algunas formas de emoción pueden coincidir con esta descripción, la variedad de sus manifestaciones es más amplia. En este sentido, de acuerdo con una revisión de la investigación sobre emociones en las organizaciones, Peter Totterdell y Karen Niven (2014) proponen tres categorías: estado de ánimoemociónbienestar afectivo. Aunque estos tres elementos están englobados en la categoría general de experiencias afectivas, existen entre ellas diferencias importantes, que analizaremos a continuación, en cuanto a sus desencadenantes, su intensidad, su evolución temporal y sus consecuencias prácticas.
El estado de ánimo, aun teniendo una permanencia limitada en el tiempo, suele prolongarse más que las demás categorías afectivas, pudiendo mantenerse durante horas e, incluso, días. Su intensidad, es menor y más difusa. Y, en cuanto a sus causas, es complejo identificar un evento concreto que lo active. De este modo, una persona puede estar, por ejemplo, contenta, irritada o fatigada, sin una causa aparente. Las emociones, por su parte, se caracterizan por tener una mayor intensidad, generalmente, acompañada de un claro correlato psicofisiológico (p. ej., incremento de la tasa cardíaca), una duración menor, manifestándose en forma de episodios más o menos breves (p. ej., un ataque de ira), y por tener como desencadenante la interpretación que la persona hace de un evento concreto e identificable (p. ej., un comentario positivo de un colega). Asimismo, suelen ir acompañadas de una expresión emocional particular. Algunos ejemplos de emociones en el trabajo son la rabia, el miedo o el orgullo. Finalmente, el bienestar afectivo en las organizaciones describe una categoría más general que las dos anteriores, extendiéndose a través de distintas situaciones, personas y momentos temporales.
Es importante tomar en consideración que las tres categorías no son independientes entre sí; por tanto, es más probable experimentar entusiasmo cuando uno tiene un estado de ánimo positivo. Del mismo modo, la acumulación de períodos prolongados de ánimo negativo o el encadenamiento de eventos emocionales aversivos, pueden estar en el origen de un bajo bienestar afectivo en el trabajo.
Una vez sentadas las bases conceptuales sobre las diferentes categorías emocionales que se pueden dar en el lugar de trabajo, el siguiente paso será presentar algún modelo teórico de soporte.
Referencias:
Barsade, S. G., & Gibson, D. E. (2007). Why does affect matter in organizations? Academy of management perspectives21(1), 36-59. https://doi.org/10.5465/amp.2007.24286163
Fineman, S. (1993). Emotion in Organizations. London: Sage.
Totterdell, P. A., & Niven, K. (2014). Workplace moods and emotions: A review of research, Charleston, SC: Createspace Independent Publishing.
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